La historia entre Palito Ortega y Charly García tuvo un comienzo inesperado. No hubo una amistad inmediata ni un encuentro marcado por la admiración mutua: según recordó el cantante tucumano, el vínculo arrancó con un enfrentamiento que incluso terminó en una instancia judicial.

Durante una entrevista con Radio Mitre, Ortega repasó distintos momentos de la relación que construyó con uno de los máximos referentes del rock argentino y sorprendió al revelar cómo aquel conflicto inicial terminó dando paso a una amistad que se consolidó con los años.

De las críticas de Charly a una mediación

El primer capítulo de la historia estuvo marcado por unas declaraciones públicas de Charly García que molestaron a Palito Ortega. El cantante contó que, en aquel momento, su abogado decidió iniciar una demanda contra el músico.

Sin embargo, el conflicto no terminó en una larga disputa judicial. Ambos terminaron frente a frente durante una audiencia de conciliación y fue Charly quien propuso dejar atrás las diferencias.

Según recordó Ortega, el músico ingresó a la audiencia y planteó directamente: “Bueno, no peleemos más”.

Ese momento terminó siendo un punto de inflexión en la relación. Lo que había comenzado con un enfrentamiento comenzó a transformarse en un vínculo de confianza que años después llevaría a Ortega a asumir una responsabilidad inesperada.

Cuando Palito Ortega se hizo cargo de Charly García

La amistad adquirió otra dimensión cuando Charly García atravesó un momento delicado y permanecía internado en un sanatorio. Ortega contó que fue a visitarlo y que el músico le pidió ayuda para salir de allí.

El pedido fue directo y terminó modificando por completo la relación entre ambos. Ortega decidió llevarlo a su propiedad de Luján, pero para hacerlo debió asumir una responsabilidad formal ante la Justicia.

El cantante recordó que una jueza se presentó para establecer las condiciones de la situación y le preguntó si estaba dispuesto a hacerse responsable de la vida de Charly. Ortega aceptó y firmó la documentación correspondiente.

Un año juntos en Luján

La convivencia se extendió durante aproximadamente un año. Para Ortega, fueron meses de atención permanente, especialmente durante las noches, cuando Charly podía despertarse desorientado y pedir ayuda.

El cantante relató que debía permanecer atento y que, en medio de esas situaciones, el músico reconocía su voz.

La casa de Luján también tenía un elemento fundamental para Charly: un estudio de grabación. Ese espacio se convirtió en una herramienta clave durante la recuperación y permitió que el músico continuara creando incluso durante la madrugada.

Ortega recordó que muchas veces Charly lo despertaba para ir al estudio. Allí escuchaban y trabajaban sobre música, mientras el músico también improvisaba letras sobre melodías clásicas.

Las madrugadas de música clásica

Uno de los aspectos que más sorprendió a Palito durante aquella convivencia fue descubrir la enorme formación musical de Charly García.

Según recordó, durante esas noches escuchó una gran cantidad de música clásica interpretada por el músico, quien había comenzado a formarse desde muy pequeño y tenía un talento reconocido desde su infancia.

Charly podía improvisar letras sobre esas melodías mientras Ortega permanecía en el control del estudio. Cuando advertía que comenzaba a quedarse dormido, lo acompañaba nuevamente para que descansara.

Para Palito, aquel período terminó siendo “un año de una experiencia casi diría increíble”.

La propuesta de un recital sorpresa en Luján

Entre los recuerdos de aquella etapa también quedó una anécdota que muestra el particular sentido del humor de Ortega.

Durante una salida por Luján, ambos pasaron frente a la Basílica. Allí, Palito imaginó un concierto sorpresa para celebrar la recuperación de Charly.

La idea era montar un escenario frente al templo y organizar un recital sin avisarle a nadie, de manera que la ciudad se despertara con Charly tocando a primera hora de la mañana.

La propuesta, sin embargo, no convenció demasiado al músico.

Charly escuchó la idea y, según recordó Ortega, respondió con una pregunta que terminó convirtiendo la escena en una anécdota inolvidable: “¿Y por qué no a las 7:30 de la tarde?”

Así, aquella convivencia en Luján no solo estuvo marcada por el cuidado y la recuperación de Charly García, sino también por la música, las madrugadas de creación y las situaciones insólitas que terminaron fortaleciendo una amistad que había comenzado, paradójicamente, con una pelea.